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domingo, 26 de diciembre de 2010

NO HAY OLVIDO... LOUISE MICHEL Y LA COMUNA DE PARIS


Louise Michel nace el 29 de mayo de 1830 en Vroncourt-la-Côte, en el departamento de Haute-Marne (Francia), y muere el 9 de enero de 1905 en Marsella (Francia). Destacada anarquista francesa y una de las principales figuras de la Comuna de París, fue también escritora, poetisa y educadora. Fue la primera en enarbolar la bandera negra, que bajo su impulso se convertirá en el símbolo del movimiento anarquista.

Biografía

Juventud

Era hija natural de una sirvienta, Marianne Michel, y del hijo del terrateniente Etienne Charles Demahis. Sus abuelos paternos le dieron una educación liberal, inspirada en los ideales de Voltaire y Jean-Jacques Rousseau. En sus memorias, Louise Michel recuerda su infancia como un periodo muy feliz de su vida. Luego de la muerte de su abuelo en 1850, estudia para ser maestra pero su rechazo a prestar juramento a Napoleón III le impide entrar en la enseñanza pública. Por ese motivo, entre 1852 y 1855, abre varias escuelas libres en Audeloncourt, Clefmont y Millières (Haute-Marne), invirtiendo la herencia que le habían legado sus abuelos. Practica una enseñanza basada en los ideales republicanos y en una pedagogía innovadora, lo que levantará suspicacia entre los padres de sus alumnos y le valdrá alguna que otra amonestación por parte de las autoridades.

París

En 1856, Louise Michel se traslada a París donde se dedica a la enseñanza sin interrupción durante quince años. En 1865, abre una escuela en el 24 de la calle Houdon, y crea otra en la calle Oudot en 1868. Le interesa la literatura y publica varios textos, en particular unos poemas que firma bajo el seudónimo "Enjolras".

Conoce a Víctor Hugo, una de las personalidades más famosas y respetadas de la época, con quien mantendrá una correspondencia de 1850 a 1879. Se introduce en los ambientes revolucionarios donde traba amistad con Eugène Varlin, Raoul Rigault et Emile Eudes, y es colaboradora habitual de periódicos de la oposición como Le cri du peuple (El grito del pueblo), cuyo redactor jefe es su amigo Jules Vallès. En 1862, es socia de la “Unión de los poetas”, y en 1869 es secretaria de la "Sociedad Democrática de Moralización" que tenía por finalidad ayudar a las trabajadoras obreras.

El 1 de septiembre de 1870, la derrota de Napoleón III en la guerra franco-prusiana pone fin a la dictadura imperial. Los acontecimientos precipitan la proclamación de la república, mientras el ejercito prusiano marcha sobre París. Louise Michel entra a formar parte del Comité de Vigilancia del barrio de Montmartre, una de las asociaciones vecinales que se crean en cada distrito parisino para organizar la defensa de la capital. Allí conoce al militante blanquista Théophile Ferré con el que mantendrá una relación sentimental.


La Comuna de París

En París cercado por el ejercito prusiano, el Gobierno de Defensa Nacional refugiado en Versalles y las fuerzas republicanas radicales parisinas competían por la supremacía política desde septiembre de 1870. Louise Michel es entonces seguidora del movimiento revolucionario fundado por el republicano socialista Louis Auguste Blanqui. En los últimos meses del año, participa en sendas manifestaciones populares, y en enero de 1871, cuando las tropas del general Trochu abren fuego contra la multitud delante de la alcaldía de París, Louise, vestida de guarda nacional, responde disparando.

Está en primera fila de los acontecimientos de los 17 y 18 de marzo de 1871, que marcan el inicio de la Comuna de París. Cuando el gobierno de Versalles envía sus tropas apoderarse de los cañones de la Guarda Nacional emplazados en la colina de Montmartre, Louise Michel es presidenta del Comité de Vigilancia del distrito XVIII. Como tal, encabeza la manifestación de mujeres que impedirá que los cañones pasen a manos de los "Versalleses", y logrará que los soldados confraternicen con los guardias nacionales y el pueblo parisino.

Louise mantiene una destacada labor social y militante en los apenas dos meses que dura la sublevación parisina. Anima el "Club de la Revolución" y sus milicias, y consigue del alcalde del distrito de Montmartre, Georges Clemenceau, la creación de comedores para los niños del barrio. Organiza también un servicio de guarderías infantiles en toda la capital, y apoya ideas muy novedosas como la creación de escuelas profesionales y de orfanatos laicos.

Cuando las tropas del gobierno de Versalles asaltan París en abril-mayo de 1871, combate, fusil en mano, en las barricadas de Clamart, Neuilly e Issy-les-Moulineaux. Participa como enfermera, recogiendo y atendiendo a los heridos, y recluta mujeres para llevar las ambulancias. Como guarda del 61º batallón de Montmartre, lidera un batallón femenino cuyo coraje destacará en las últimas batallas libradas por los comuneros, en el cementerio de Montmartre y en Clignancourt, donde muchas de sus compañeras pierden la vida. Louise logra escapar, pero se entrega a las autoridades a los pocos días, para obtener la liberación de su madre que había sido arrestada en su lugar. Théophile Ferré es detenido a su vez: será ejecutado en noviembre de 1871 y Louise le dedicará el poema les oeillets rouges (los claveles rojos). En diciembre de 1871, es llevada ante el 6° consejo de guerra bajo la acusación de intento de derrocar al gobierno e incitar a los ciudadanos a tomar las armas en defensa propia. La condenan a diez años de destierro después de haber declarado en el juicio:

No me quiero defender. Pertenezco por entero a la revolución social. Declaro aceptar la responsabilidad de mis actos.(...)Ya que, según parece, todo corazón que lucha por la libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, exijo mi parte. Si me dejáis vivir, no cesaré de clamar venganza y de denunciar, en venganza de mis hermanos, a los asesinos de esta Comisión.

Deportación a Nueva Caledonia


Deportada a Nueva Caledonia en el vapor "Virginie" el 8 de agosto de 1873, después de cumplir 20 meses en prisión, colabora con quienes luchaban por la independencia política de esa colonia francesa. Por esta época la prensa de Versalles le adosó los motes de la Louve rouge, la Bonne Louise (la loba roja y la buena Louise). Traba entonces una relación duradera con Henri Rochefort, un famoso polemista, y conoce a Nathalie Lemel, otra figura activa en la Comuna de París, que acerca a Louise a las ideas anarquistas. Permanece en Nueva Caledonia por siete años, rechazando el tratamiento especial que se reservaba a las mujeres. Durante esos años, desarrolla una labor educativa con los nativos canacos, por los que tomará partido en la revuelta de 1878, a diferencia de muchos otros deportados comuneros. Funda el periódico Petites Affiches de la Nouvelle-Calédonie y publica Légendes et chansons de gestes canaques. En 1879, se le permite instalarse en la isla de Noumea y se le autoriza a retomar su labor docente, primero como maestra de los hijos de los deportados franceses, y luego en escuelas de niñas.

Regreso a Francia

Amparada por la amnistía parcial concedida a los participantes en la Comuna de París, Louise Michel regresa a París en 1880. El pueblo parisino le reserva una calurosa bienvenida y es ovacionada por la multitud. Dos meses más tarde, su obra La miseria se publica por entregas con enorme éxito. Su pasión militante permanece inalterada, y multiplica conferencias y intervenciones en mítines. En 1883, en un mitin en París, Louise Michel, para desmarcarse de los socialistas autoritarios y parlamentaristas, se pronuncia a favor de la adopción de la bandera negra por los anarquistas (socialistas libertarios).

Este nuevo compromiso no tarda en formalizarse en acciones concretas. En 1883, Louise Michel encabeza, junto con Emile Pouget, una manifestación de desempleados que culmina con el saqueo de tres panaderías, y con enfrentamientos con la policía. A las pocas semanas, Louise se entrega a las autoridades, y es condenada a seis años de prisión. Será amnistiada por el presidente de la República, Jules Grévy, en 1886. En 1887, se declara públicamente en contra de la pena de muerte. Un año más tarde, es víctima de un atentado perpetrado por un monárquico. Herida de bala, se negará a denunciar a su agresor.

Por sus discursos incendiarios es arrestada nuevamente y nuevamente liberada. Se exilia entonces a Londres (Inglaterra) en 1890, donde gestionará una escuela libertaria durante varios años. A su regreso a Francia en 1895, una manifestación de simpatizantes le da la bienvenida. El mismo año, funda el periódico Le libertaire junto con Sébastien Faure. Adoptará una actitud moderada en la defensa del caso Dreyfus.

Durante los diez últimos años de su vida, sus actividades fueron constantemente vigiladas por la policía y fue detenida en numerosas ocasiones. Considerada ya como una figura destacada del anarquismo, multiplica las conferencias en Londres, París y toda Francia, y mantiene una participación activa en numerosas acciones reivindicativas a pesar de su avanzada edad. En 1896, participa en Londres en el Congreso internacional socialista de los trabajadores y de las uniones sindicalistas obreras. Escribe Memorias de la Comuna en 1898.

En 1904, a la edad de 74 años, recorre Argelia con su amigo Ernest Girault para dar una serie de conferencias.

Louise Michel muere de una pulmonía en enero de 1905, en la habitación n° 11 del Hotel Oasis de Marsella, mientras daba una serie de conferencias para trabajadores. Miles de personas acudirán a su funeral en París.

jueves, 5 de agosto de 2010

NO HAY OLVIDO... CIPRIANO MERA ( EL ALBAÑIL QUE NO QUISO SER GENERAL)

Cipriano Mera es el último de los grandes anarquistas españoles del siglo XX y uno de los pocos que conserva íntegro el espíritu del anarquismo del XIX. Pocos hombres como él se atuvieron tan estrictamente a los principios libertarios y pocos, por no decir ninguno. Tuvieron tantas ocasiones de vulnerarlos. A diferencia de Durruti, los Ascao o la propia Federica Montseny, Cipriano Mera es el propotipo de militante obrero que, por su valor personal -nacido del orgullo y de la dignidad en carne viva de los desheredados- y por una inteligencia natural que en él suplía la falta de estudios, fue capaz de convertirse en uno de los grandes jefes militares del Ejército Popular de la República, al frente de la 14 División, que con las de Líster y El Campesino fueron las grandes fuerzas de choque a lo largo de la guerra, y después, del IV Cuerpo de Ejército. Si sus hazañas no fueron cantadas por la prensa internacional, si su nombre no alcanzó la popularidad de los otros jefes militares fue por una y única razón: su militancia anarquista y su animadversión a los comunistas, dueños de la propaganda.

Sin embargo, su división, ya que no tuvo capacidad para ganar la guerra, sí tuvo en su mano terminarla. Y la terminó al fundar la Junta de Defensa con Casado y Besteiro frente a Negrín. Sus hombres decidieron los cruentos combates que libraron los comunistas contra el resto de los partidos y sindicatos del Frente Popular. Tres años antes, el 18 de julio de 1936, nadie hubiera dicho que aquel albañil madrileño que estaba en la cárcel por los disturbios producidos en la Huelga de la construcción y que odiaba cualquier rango o privilegio iba a convertirse en el hombre que terminaría militarmente con al resistencia republicana. Aunque, en rigor, Mera nunca dejó de combatir a Franco, ni durante la guerra ni en su largo exilio, tampoco aceptó el vasallaje, ni siquiera la compañía del comunismo estalinista. Y su único sueño, durante la contienda civil, fue el de volver a su profesión de albañíl, desdeñando los honores morales y materiales que la revolución le brindó.

Y es que Mera nuca quiso ser más que albañil. Desde su nacimiento en Madrid, en 1897, siguió los pasos de su padre, obrero de la construcción y militante de la Asociación de Albañiles El Trabajo, de UGT. A los 11 años, con una mínima instrucción, empezó a trabajar ayudando en las obras y, cuando no había trabajo, haciendo de cazador furtivo, tarea en la que su padre era un experto. Seguramente esa astucia del furtivo, esa forma de comprender el acecho, la caza y la huida fueron su auténtica escuela militar, porque la guerra Civil española fue en cierto modo una forma de caza al margen de toda ley. Y en esto, Mera, llevaba mucho aprendido.

Su propio aspecto, seco, enjuto, con la cara tajada a conciencia por el viento y los ojos escondidos entre una frente noble y unas arrugas insomnes, es el de un cazador. Y su boca, dibujada o cortada sobre los dientes fuertes y una mandíbula como un puño, también revela algo del hembra pasada, presente o futura de quien caza por necesidad. Es un rostro de campesino español de cualquier siglo llegado a Madrid cuando Pío Baroja escribía La Busca.

Pero en ese rostro no hay ingenuidad sino determinación, no hay temor sino violencia contenida, no hay sometimiento ancestral sino voluntad de destrucción, de revolución. Su bautismo anarquista se produce al entrar en contacto con grupos violentos como el que perpetró el asesinato del presidente del gobierno Eduardo Dato. No fue, pues, Mera, uno de aquellos anarquistas naturistas y vegetarianos que leían La Revista Blanca y creían en el futuro del esperanto. Era, fue, desde que dejó la UGT para abrzzar el anarcosindicalismo, un hombre de acción que no rehuía ni la clandestinidad ni la violencia. Participó en diversas conjuras contra Primo de rivera, todas fallidas, pero al caer la dictadura, su prestigio, que había pasado intacto de la UGT a la CNT, lo convirtió en presidente del Ramo de la construcción de Madrid.

Detrás del andamio, seco, con Durruti y otros, formó parte de las milicias o grupos de choque que, con el nombre de Grupos de Defensa Confederal, hacían a la luz del día lo que la FAI remataba por la noche. Desde 1933 es miembro del Comité Revolucionario que tantos quebraderos de cabeza produjo a la República. Y esa política violenta, revolucionaria, que le lleva a la cárcel, empieza a devorar al albañil que nunca quiso dejar de ser.

En 1936, era uno de los dirigentes del Comité de Huelga de la construcción, y como tal fue encarcelado por las luchas entre piquetes y entre los propios sindicatos obreros. Fue encarcelado y de la cárcel le sacó el fracaso de la rebelión en Madrid. No obstante, la Huelga de la Construcción es un caso asombroso, por no decir patológico, de las reivindicaciones sindicales porque, proclamada bastante antes del 18 de julio, terminó bastante después, como si no pasara nada. Es una ilustración de lo que entendían por apoliticismo muchos dirigentes libertarios de entonces.

Apenas fuera de la cárcel, Cipriano Mera se enrola voluntario como miliciano raso, pero al poco tiempo, por los avatares de la lucha, comienza a ascender vertiginosamente en la organización de las milicias populares. Siempre mandando unidades anarquistas, en la primavera del 37 tiene ya a su mando una división, la 14. Semejante carrera, sin ser militar como Galán, sin tener estudios como Tag|eña, sin haber pasado por ninguna academia militar soviética, como Líster o Modesto, es sólo comparable a la de Valentín González. Porque aunque el cargo máximo en aquellas tropas equivalía a general de División. ¡En menos de un año y por méritos de guerra!

En realidad, el mérito esencial de Mera, el primero de ellos, fue el de comprender que las milicias obreras sólo serían operativas si adquirían la estructura, la formación y, sobre todo, la disciplina, del ejército regular. En eso, pasados los primeros escarceos, en que las milicias anarquistas se desbandaban con facilidad, hasta Durruti empezaba a estar de acuerdo. Pero la muerte de Durruti -que los anarquistas, incluido Mera, siguen sin explicar- le dejó como única figura militar de la CNT. Esto fue muy apreciado por Miaja que, aunque temía sus «albañiladas», como dio en llamar a su sentido del orgullo y del mando, especialmente en defensa del débil, le apreció siempre y lo promocionó a los máximos rangos operativos cuando se constituyo el ejército Popular. La amplia base cenetista, en la que se refugió también el POUM, fue la cantera miliciana de la que Mera, con su jefe de Estado Mayor Verardini, extrajo una de las mejores divisiones: la 14.

En unas memorias publicadas por Ruedo Ibérico en 1976 y amputadas de casi cualquier referencia personal -sólo al final aparece su compañera de toda la vida, Teresa, sus dos hijos y sus padres, un núcleo que se mantuvo siempre unido, especialmente en la adversidad- Mera da detalles muy sustanciosos acerca de las trampas que los jefes militares le hacían a la superioridad -por ejemplo, Líster nunca tomó Brunete, El Campesino no tomó Brihuega en la batalla de Guadalajara- y de las acechanzas que padeció a manos de los comunistas por ser el único jefe miliciano con prestigio que no pertenecía al Partido. Llegaron incluso a intentar asesinarle en un atentado del que Modesto, jefe del V Cuerpo de Ejército y superior suyo, no quiso dar cuenta a Miaja y Prieto. La cosa estuvo a punto de acabar a tiro limpio entre los dos, pero Mera se salió con la suya. Quizás por eso no volvieron a intentarlo. Pero las maniobras contra él, especialmente después de mayo del 37, se recrudecieron. Tras detener a su jefe de Estado Mayor, siempre por intrigas comunistas, estuvieron apunto de fusilar a Mika Etchébehere, una argentina afín al POUM que vino voluntaria a la guerra de España y donde por méritos de guerra alcanzó el grado de capitán -Mika sí nos ha dejado unas excelentes aunque poco conocidas memorias de guerra.

A los dos los salvó del paredón Mera poniendo la pistola encima de la mesa. Convencido de que Negrín era un simple agente soviético y que con el PCE era imposible continuar la guerra, dio el paso decisivo de la Junta de Defensa. Pero antes propuso a Casado varias iniciativas: secuestrar a Negrín para obligarlo a negociar con Franco o presentarse con él en Burgos aunque los fusilasen a todos, coger miles de rehenes y cercar de dinamita las minas de Almadén para negociar directamente con los nacionales o romper todos los frentes e iniciar una guerra de guerrillas tras todas las líneas enemigas. Ninguna de estas iniciativas prosperó y así acabó todo. Pudo escapar por Valencia a Orán y comenzó un largo peregrinar por prisiones francesas del Norte de Africa, sin aceptar la ayuda de Negrín ni de Prieto. Se evadió varias veces y estuvo en Casablanca, como Viktor Laszlo, esperando un pasaje para América que nunca llegaba. Lo que llegó fue su deportación a España, su juicio y condena a muerte y los largos meses en Porlier viendo las sacas y esperando su turno . Se negó a pedir el indulto pero, aun así, salió de la cárcel y tras unos escarceos conspirativos con los generales monárquicos, que le parecieron repelentes, pasó a Francia para reorganizar la CNT, Allí se ganó siempre la vida trabajando y murió en Saint Cloud en 1975, 26 días antes de Franco. A su muerte, sólo tenía la pensión de albañil.

domingo, 1 de agosto de 2010

NO HAY OLVIDO...JOAN PEIRÓ

Joan Peiró Belis fue un anarquista español nacido el 18 de febrero de 1887 en el barrio obrero de Sants (Barcelona) y fusilado por las autoridades franquistas el 24 de julio de 1942 en Paterna. Fue ministro de Industria de la Segunda República durante la Guerra Civil española.

Con ocho años comenzó a trabajar en una fábrica de vidrio barcelonesa y no aprendió a leer y escribir hasta los veintidós. Siguió trabajando en el sector del vidrio, y junto a otros compañeros fundó la Cooperativa del Vidrio de Mataró, que nunca abandonaría. En 1907 se casó con Mercè Olives, obrera textil, con la que tuvo tres hijos (Joan, Josep y Liberto) y cuatro hijas (Aurora, Aurèlia, Guillermina y Mercè).

Militancia sindical

Según él mismo su militancia sindical se inició en 1906, comenzando a tener cargos de responsabilidad entre 1915 y 1920, tales como secretario general de la Federación Española de Vidrieros y Cristaleros (1916-1920) y director de las publicaciones La Colmena Obrera (órgano de los sindicatos de Badalona) y El Vidrio (portavoz de los vidrieros federados). Su agudeza intelectual le llevaría más adelante a ser director del diario Solidaridad Obrera (1930) y del también diario Catalunya (1937).

Muy influenciado por el sindicalismo revolucionario francés, comenzó a tener tareas de responsabilidad en la CNT tras el llamado Congreso de Sants (1918) de la regional catalana de esta organización en la que, gracias a su capacidad de trabajo, dotes de organizador y gran prestigio, desempeñaría los más altos cargos.

En el Congreso de La Comedia (1919) defendió las federaciones de industria que fueron rechazadas en aquella ocasión.

Los duros años veinte

Durante los años veinte sufrió la represión desencadenada por el Estado y la patronal contra el movimiento obrero. Tan solo en 1920 sufrió dos atentados y fue detenido y encarcelado en Soria y Vitoria.

En 1922 fue elegido secretario general de la CNT, celebrándose durante su gestión la Conferencia de Zaragoza, en la que se aprobó la salida de la organización de la Internacional Sindical Roja y su afiliación a la reconstituida Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). En esta misma conferencia Peiró defendió junto a Seguí, Pestaña y Viadiu la llamada «moción política», muy criticada por los sectores más ortodoxos de la organización.

Se estableció en Mataró en 1922 y en 1925 dirigió la constitución de la Cooperativa del Vidrio que ya había intentado organizar con anterioridad. Con la dictadura de Primo de Rivera la CNT fue ilegalizada, clausuradas sus sedes y suspendidas sus publicaciones. Muchos de sus militantes fueron detenidos (como Peiró que fue encarcelado en 1925, 1927 y 1928). Este último año fue nuevamente elegido Secretario General de la CNT.

Criticó a la UGT por su defensa de jurados mixtos durante aquella dictadura y también a Pestaña, con el que sin embargo coincidía en otros aspectos. También criticó al sector más anarquista del sindicato, y a pesar de que se afilió a la FAI nunca militó en ella, defendiendo por el contrario una organización de masas y más sindicalista, y oponiéndose a los grupos de acción y a las minorías de militantes dirigentes.

República y Guerra Civil

En 1930 firmó el manifiesto de «Inteligencia Republicana» por lo que recibió numerosas críticas internas que le llevaron a retirar su firma. Siguió defendiendo las federaciones de industria hasta que en el congreso de la CNT de 1931 en Madrid consiguió un apoyo masivo frente a las tesis faístas. En ese mismo congreso apoyó la ponencia sobre la «Posición de la CNT frente a las Cortes Constituyentes» en la que se defendía que la proclamación de la República podría suponer un avance para la clase trabajadora. Esta ponencia fue aprobada con algunas modificaciones a pesar de la oposición de los sectores faístas que veían en ella un apoyo a la maquinaria política burguesa.

También en 1931 firmó junto a otros 29 destacados cenetistas, entre los que se encontraba Ángel Pestaña, el «Manifiesto Treintista», donde se analizaba la situación económica y social de España y se criticaba tanto al gobierno republicano como a los sectores cenetistas más radicalizados. La reacción de estos últimos provocó la dimisión de Pestaña de su puesto en el comité nacional de la organización y la salida de los sindicatos de Sabadell a los que posteriormente se fueron añadiendo otros que acabaron constituyendo un bloque denominado «sindicatos de oposición». Aunque Peiró participó en esta escisión no desempeñó responsabilidades destacadas y trató de tender puentes para evitar la ruptura definitiva. La reunificación se produjo en 1936.

Tras la sublevación de los militares rebeldes, Peiró actuó de vicepresidente del comité antifascista de Mataró, marchándose sus hijos al frente. Defendió la entrada de la CNT en la Generalitat de Cataluña y en el Gobierno de la República y planteó una República Social Federal como forma de estado cuando se acabase la guerra.

Junto a García Oliver, Federica Montseny y Juan López fue uno de los cuatro ministros anarquistas en el gobierno de Largo Caballero, encargado de la cartera de Industria. Desde este puesto elaboró el decreto de incautaciones e intervención en la industria y proyectó la creación de un bando de crédito industrial, aunque muchos de estos proyectos fueron recortados, ralentizados o diluidos por Negrín.

A la caída del gobierno de Largo Caballero regresó a Mataró y a la Cooperativa del Vidrio, dedicándose también a dar conferencias sobre su paso por el gobierno y a publicar duros artículos contra el PCE por sus actuaciones contra el POUM.

En 1938 entró nuevamente en el gobierno, ahora presidido por Negrín, aunque no con el rango de ministro sino de comisario general de Energía Eléctrica, manteniendo una actitud antiderrotista y proponiendo una cierta revisión del anarcosindicalismo a la luz del desarrollo la revolución y la guerra.

Exilio, captura y muerte

El 5 de febrero de 1939 atravesó la frontera francesa, siendo brevemente detenido en Perpiñán, desde donde se dirigió a Narbona para reunirse con su familia. Más tarde marchó a París al objeto de representar a la CNT en la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), consistiendo su misión en sacar a los refugiados cenetistas de los campos de concentración franceses y facilitarles su traslado a México.

Tras la invasión nazi intentó huir, pero fue detenido cuando se dirigía a Narbona y devuelto a París, donde las autoridades francesas emitieron contra él una orden de expulsión del país al objeto de sustraerlo a la acción de la Gestapo y así pasar a la zona no ocupada y de allí a México. Pero fue detenido nuevamente por las tropas nazis y llevado a Tréveris (Alemania).

En enero de 1941 el ministerio de Asuntos Exteriores franquista solicitó su extradición, que se materializó en Irún el 19 de febrero de ese mismo año, incumpliendo las leyes francesas e internacionales (se unía así a los casos de Lluís Companys, presidente de la Generalitat, Julián Zugazagoitia, socialista bilbaíno, o Francisco Cruz Salido, responsable de la oficina de prensa de la JARE).

Se le trasladó a la Dirección General de Seguridad de Madrid, donde fue interrogado y torturado. Iniciado el proceso y aplazado excepcionalmente, se le trasladó a Valencia en abril de 1941. En diciembre de este año se abrió el proceso sumarial en el que Peiró contó con numerosos testimonios a su favor emitidos por instituciones y personas del nuevo régimen. Sin embargo, su reiterada negativa a la propuesta del gobierno de dirigir los sindicatos franquistas determinaría su condena. Los acercamientos de los destacados falangistas Gutiérres de Santamarina y Juan Gil Genís.

En mayo de 1942 el fiscal formuló las acusaciones, en junio le fue nombrado el defensor militar de oficio y el 21 de julio fue pronunciada la sentencia de muerte. Tres días más tarde sería fusilado junto a otros seis cenetistas en el campo de tiro de Paterna.

Es conocida su forma de afrontar la sentencia de muerte con la frase que compartió con su abogado: "Con mi muerte, me gano a mi mismo".

Obras

* Trayectoria de la Confederación Nacional del Trabajo.
* Ideas sobre Sindicalismo y Anarquismo.
* Perill a la reraguarda.
* Problemas y cintarazos.
* Problemas del Sindicalismo y del Anarquismo.

lunes, 19 de julio de 2010

NO HAY OLVIDO...SALVADOR SEGUÍ (EL NOI DEL SUCRE)

Salvador Seguí Rubinat (Tornabous, 23 de diciembre de 1886 - Barcelona, 10 de marzo de 1923), conocido como El noi del sucre ("El chico del azúcar"), fue uno de los líderes más destacados del anarcosindicalismo de Cataluña de principios del siglo XX. Buscó dar un nuevo impulso a la lucha proletaria sin olvidar las esencias de su ideario anarquista.

Se formó como pintor, profesión que siempre ejerció y con la que se ganó el sustento. Ya desde muy joven mostró inquietud por la política y por las ideas libertarias; seguidor de la Escuela Moderna de Francisco Ferrer Guardia y de varios autores como Sorel, Kropotkin, Reclus o Cornelissen, en su formación autodidacta también se relacionó con personajes culturales y políticos de la época, y con miembros y participantes del Ateneu Enciclopèdic Popular, como Francesc Layret.

Propulsó la formación y educación de las clases obreras desde los sindicatos como armas revolucionarias: la preparación intelectual, cultural y técnica de los trabajadores.
Fue presidente del Ateneo Sindicalista de la calle de Ponent de Barcelona, donde fundó y organizó su biblioteca en 1915, lugar en el cual se asumieron funciones de centro superior de estudios sindicalistas y anarquistas.

Impulsor de la creación de Solidaridad Obrera, formando parte del consejo directivo (como vocal) durante un tiempo. En 1916 inicia las negociaciones para una pacto de unidad de acción entre la CNT y la UGT como frente único del movimiento obrero español que comportó inicialmente una huelga general de 24 horas como protesta por el aumento de precio de subsistencias y que continuó con una huelga general indefinida, en 1917, en petición al Gobierno español de un sistema que garantizara a la población el desarrollo de actividades emancipadoras y mínimas condiciones de calidad de vida.

Elegido secretario general de la CNT de Cataluña en el Congreso Regional celebrado en Sants, en 1918, propuso que fuera permitida la intervención de los maestros racionalistas en aspectos de sindicatos "siempre que se organizaran corporativamente"; respaldado por la totalidad de delegados a su favor fue adoptado como resolución.

En congresos posteriores, junto a Ángel Pestaña y Juan Peiró se opuso a acciones más exaltadas llevadas a cabo por otros miembros de la CNT. Cabe mencionar el celebrado en el Teatro de la Comedia (Madrid) o el Pleno de regionales de Zaragoza en los que presentaron la proposición de retirada de la CNT de la Tercera Internacional.

Fue detenido en diversas ocasiones a causa de su actividad anarcosindicalista. Durante la huelga de La Canadiense se encontraba preso pero fue liberado el mismo día en que se desconvocó y pudo poner en evidencia sus grandes dotes de orador en la asamblea organizada por el comité de huelga, en la plaza de toros de las "Arenas" (Barcelona) para informar sobre los acuerdos llegados con el gobierno. En noviembre de 1920 y junto con Lluís Companys, el sindicalista Martí Barrera y hasta treinta y seis personas más, fue deportado al castillo de la Mola (Mahón).

El 10 de marzo de 1923, en plena maduración por promover entre los trabajadores la idea de la emancipación como motor de una sociedad existente, fue asesinado de un tiro en la esquina de la calle Cadena con Sant Rafael, en el barrio del Raval de Barcelona, por pistoleros blancos del Sindicato Libre de la patronal catalana, protegida por el Gobernador Civil de Barcelona Martínez Anido, agrupada en torno a la Lliga Regionalista. En el mismo episodio dejaron malherido al también anarcosindicalista Francisco Comes, conocido como "Perones", que moriría pocos días después.

jueves, 15 de julio de 2010

NO HAY OLVIDO... BUENAVENTURA DURRUTI


Fue un anarcosindicalista con ideas propias, un hombre de acción, para quien el mundo no tenía fronteras ni la sociedad obstáculos que oponer a sus ansias revolucionarias.

Nació en León el 14 de julio de 1897, en el seno de familia numerosa, sin más subsidios que la caridad humillante. Sietes hermanos y una hermana, pocas letras y mucha ira contenida, ira que debió de irse desbordando a medida que los niños se hacían hombres, sobre todo si se tiene en cuenta la influencia del padre, anarquista, y el momento social, que sensibilizaba muy pronto al proletario capaz de discurrir.

La niñez de Durruti coincidió con la pérdida del imperio colonial. España era una casa solariega cargada de blasones, pero más pobre que las ratas. El paro era por entonces una especie de plaga bíblica.

Niñez miserable en León, donde empezó ganando un real diario, para acabar ingresando, como su padre, en los Ferrocarriles del Norte de España, un mundo complejísimo ideológicamente, formado por obreros muy politizados, todos ellos decididos a terminar con la explotación de la que eran víctimas, mediante la acción directa.

El nuevo mecánico ajustador se afilió a la UGT. Cuando esta organización sindical declaró la célebre huelga general revolucionaria en todo el país, el 10 de agosto de 1917, fue secundada por la CNT, lo cual dio mayor virulencia al conflicto. Se trataba de proclamar en España la República democrática socialista. En esto se anticiparon a los bolcheviques rusos que se sublevaron contra la tiranía del zar en octubre, dos meses después.

Se produjo el paro total, destacando Durruti en las acciones violentas,, olvidando las consignas de no violencia de la UGT. Por esto fue expulsado de la organización sindical socialista. Más tarde se afiliaría a la CNT. Su nombre saltó a los periódicos con motivo del asalto al Banco de España de Gijón. El botín 675.000 pesetas. Las cosas se ponían feas y Durruti y su grupo, entre los que se encontraban Teodoro Arrete y Gregorio Suberviola, escapan a Francia.

En 1920, ya de vuelta en España, Durruti conoció en San Sebastián a Manuel Buenacasa, acreditado dirigente cenetista con importantes contactos políticos en Barcelona. Al parecer es Buenacasa el que lo pone en contacto Francisco Ascaso. En Barcelona consiguió trabajo en el barrio del Clot. Era un buen obrero especializado del que nadie tenía queja. Pero el proyecto de Durruti era muy distinto al de diez horas diarias de trabajo, trabajo que sin embargo necesitaba para cubrirse ante cualquier eventualidad con la policía. Con Francisco Ascaso constituyó el grupo de acción "Los Solidarios", formado por obreros entre los que sobresalen los nombres del ya mencionado Ascaso, García Oliver (futuro ministro de Justicia en la República), Ricardo Sanz y Manuel Torres, entre otros.

En mayo de 1924 fue acribillado a balazos el verdugo de la Territorial de Barcelona. Era un ajuste de cuentas y al mismo tiempo un desafío a las autoridades, que aceptaron el reto de los anarcosindicalistas. En efecto, más de doscientos anarquistas fueron encarcelados y deportados. A partir de este momento la CNT entra en la clandestinidad. En 1925, en compañía de Gregorio Jover y Francisco Ascaso, Durruti embarca hacia Argentina dispuesto a poner en práctica un nuevo método para recaudar fondos con los que liberar a los compañeros encarcelados. Se trataba del llamado "anarquismo expropiador", es decir, de jugarse la piel asaltando Bancos, en rápidos y arriesgados golpes de mano.

Durruti y los suyos eran personas dispuestas a todo, hombres sin miedo. Les guiaba un propósito redentor, la estrella inextinguible de una idea política y el convencimiento moral de la licitud de su proceder. Su aventura continuó, de América, pasando por Canarias llegó a Inglaterra. Luego a París, donde intimó con Sebastián Faure, anarquista francés fundador de L´Agitation y Le Libertarie. Durruti, con el dinero que traía de América y el apoyo de Faure, fundó la Enciclopedia Anarquista y con Voline, Archinof y Néstor Magno puso en marcha la Librería Internacional.

Tras un intento fallido de atentado contra Alfonso XIII en París, es detenido junto a sus compañeros, dispersándose por Europa. En esta época se relaciona con anarquistas de reconocido prestigio internacional. Proclamada la República, vuelve a España, empezando la etapa de mayor actividad política de Durruti, convirtiéndose poco a poco en la figura de mayor prestigio de CNT-FAI. Por eso no es de extrañar que disuadiera al Comité de la CNT para que no boicotease las elecciones de 1936, lo cual contribuyó en gran medida al triunfo del Frente Popular.

En Barcelona, durante el dramático mes de julio del 36, dirigió las fuerzas sindicalistas. Le vemos pegando tiros en el cuartel de las Atarazanas, donde es herido levemente en el pecho y donde moriría Ascaso. Organizadas las milicias, Companys le nombra jefe de una columna. Le asesora militarmente el comandante Martínez-Farrás. La columna "Durruti-Farrás" constaba de unos cuatro mil voluntarios de la CNT y no pocas milicianas. Los combates más duros son librados en Caspe, que cae al segundo día de ser sitiada por la columna de Durruti. El incontenible avance y al conquista de los pueblos de los alrededores queda frenado en Pina. En este pueblo tuvo que aguantar los duros bombardeos de la aviación enemiga, pasados los cuales avanzó de nuevo hasta ocupar Osera. Pronto había de empezar el calvario de Buenaventura Durruti, cuya columna se vio difamada a causa de los asesinatos y robos cometidos por delincuentes comunes alistados en ella. Procedían éstos de la Modelo de Barcelona, que como es sabido abrió sus puertas a todos los que cumplían condena allí.

A principios de agosto, Durruti procedió a una labor de limpieza en su columna. Es totalmente falsa la versión de Gironella, según la cual el jefe anarquista ametrallaría personalmente en la Estación de Bujaraloz, en los vagones de ferrocarril, a homosexuales y prostitutas... entre otras cosas Bujaraloz no tenía Estación de ferrocarril... Lo que sí hizo Durruti fue crear una especie de dispensario antivenéreo en Bujaraloz y mandar a los homosexuales y prostitutas a Barcelona.

En noviembre de 1936, cuando la defensa de Madrid parecía imposible, Durruti fue requerido para trasladarse con su columna a la capital sitiada. Aunque en principio se negó, accedió al traslado de sus tropas, convencido de la necesidad de su presencia entre los defensores. La orden del jefe del Estado mayor, Rojo, era que Durruti mandara a sus hombres y la columna López Tienda-Libertad. Con estas fuerzas tratarían de reforzar la defensa de la Ciudad Universitaria.

Allí se trasladaron el día 15, en la dirección del río Manzanares, río que fue cruzado por las tropas enemigas aquella misma tarde, ocupando la Escuela de Arquitectura de la Ciudad Universitaria. La columna de Durruti no puede contener el avance ni el de las jornadas sucesivas. Y se llega al día 19, en que Durruti cae sin que todavía hoy, se haya esclarecido del todo el misterio de su muerte.

Trasladado a los sótanos del hotel Ritz, entonces Hospital de las Milicias Confederadas de Cataluña, se le apreció una herida de bala, mortal de necesidad. Durruti agonizó toda la noche, muriendo hacia las cuatro de la mañana del día 20, más o menos a la hora en que era fusilado José Antonio en Alicante. ¿Represalia de los quintacolumnistas?, ¿falta de previsión de quien conducía el coche?, ¿o fue uno de sus hombres el asesino?.

Hay quien dice que fue un fatal accidente producido al disparársele, a Durruti su propio "naranjero". Otros opinan que fue una bala perdida. Una de las últimas versiones es la declaración de Antonio Bonilla, amigo y acompañante de Durruti hasta su muerte. Según esta versión, Durruti fue muerto por el sargento de artillería José Manzana. Es una historio un poco extraña que hay que recoger con reservas.

El tal Manzana, que fue campeón olímpico de tiro con pistola, salió del cuartel de Atarazanas en pleno tiroteo y se unió a los milicianos de Durruti. Desde el primer momento fue su consejero militar y hombre de confianza. Llevaba siempre consigo un "naranjero" y acompañaba aquel día 19 a su jefe en el coche. Que se sepa, no pertenecía a ninguna organización o partido y, por supuesto, tampoco a la CNT. Como en las novelas policíacas, falta el móvil. Y queda en el aire la duda de si el arma de Manzana se disparó por accidente o fue un disparo intencionado.

Para terminar, algo muy poco conocido y que demuestra hasta qué punto fue cruel nuestra guerra civil. Durruti tuvo dos hermanos falangistas, Manuel y Pedro. El primero se afilió a Falange en León y murió, se ignora cómo, por "haberse negado a prestar un servicio que probase su lealtad a la causa nacionalsindicalista". ¿Qué servicio podría ser el exigido a Manuel que prefirió la muerte a llevarlo a cabo?. El segundo, Pedro, antiguo militante de Falange, murió fusilado por los republicanos.